Crónicas

Guía de 5 pasos para combatir la LGTBfobia

Programa en Streaming para Rifirrafe contra la LGTBfobia | Publicado el 28 de junio de 2021

La educación en materia LGTB es muy importante y cada vez está siendo más demandada, pero, ¿cómo empezar? El lenguaje que utilizamos configura nuestro pensamiento, es por esto por lo que es tan importante cuidar la forma en la que hablamos y nos dirigimos a las personas, aún más si se tratan de colectivos marginales. El viaje para formarse en igualdad y aprender sobre el colectivo comienza en uno mismo.

Para combatir la LGTBfobia, siendo o no siendo parte del colectivo, es clave tomar distancia de lo que siempre hemos escuchado o los roles y comentarios que hemos normalizado. A veces no somos conscientes de que algunos de los mensajes que mandamos en nuestro día a día pueden favorecer la discriminación del colectivo. Con motivo del día del Orgullo y como parte del Especial LGTB de Rifirrafe, programa de streaming en Twitch, creé una guía básica de cinco pasos para combatir la LGTBfobia cotidiana.

1. Empatía y autocrítica

Para combatir la LGTBfobia cotidiana es imprescindible partir siempre desde la empatía y el amor. Debemos hablar siempre desde la empatía, no vale decir «yo lo respeto, pero no lo comparto» porque un «pero» anula todo lo anterior. Tenemos que reconocer la humanidad de las personas, amen a quien amen, vistan como vistan o se identifiquen con un género, los dos o ninguno. Esto se dice pronto, pero no es tan fácil como parece, exige mucha autocrítica y conciencia social, es un ejercicio que debemos hacer cada día.

Como dato, hace poco descubrí una herramienta inmersiva que ayuda a empatizar con diferentes colectivos. Se llama En Otros Zapatos y en esta historia tú tomas las decisiones de Sofía, una mujer chilena de 40 años casada con un hombre que se enamora de su mejor amiga. Puedes llegar a muchos finales, tristes o felices, pero todos reales. También hay otras historias con otras temáticas totalmente diferentes, en todas ellas la base y propósito de la experiencia es la empatía.

2. Pensamos como hablamos

Vamos a partir de la base de que ya poca gente considera la orientación sexual no heterosexual enfermiza o antinatural. Sin embargo, el rechazo sigue existiendo y este rechazo a veces es incluso inconsciente debido a las palabras que utilizamos y los comentarios que hacemos, pongamos ejemplos:

  • Plumofobia

La plumofobia es repudiar el amaneramiento o reírse/criticar a un hombre porque sea sensible y no bruto ni rudo, decir “esto es de maricas” es un ejemplo de esto. Se usa de forma peyorativa identificándolo como algo negativo, aunque hayas aprendido la expresión y no la uses como insulto, tiene connotación negativa.

Además, se deben evitar comentarios que tiendan a la generalización, por ejemplo, «los gais son muy divertidos», «las lesbianas son muy poco femeninas» o «las personas homosexuales son promiscuas». Esto tiene mucho que ver con intentar clasificar a las personas en grupos, en este caso, asignarles roles simplemente por su orientación sexual. Con estos comentarios estamos avivando los estereotipos del colectivo y estamos asumiendo que una orientación sexual puede implicar una personalidad concreta, de hecho, muchas personas se sorprenden cuando conocen a alguien que se sale de este molde. Nadie dice «qué graciosos son los heteros» porque es un rasgo de personalidad tan general que no puede identificarse con una orientación sexual.

Por último, es un error preguntarle a una pareja homosexual quién es el chico o chica de la relación. Estaríamos haciendo lo mismo, intentar encasillar a las personas en un rol. Las relaciones no tienen por qué ser binarias, tampoco las heterosexuales. Además de que puede resultar incómodo porque parece que se estén pidiendo explicaciones de por qué no se encajan en los roles predefinidos de género.

  • Humor homófobo

Hacer chistes homófobos, por muy tolerante y respetuoso que nos creamos, no ayuda a crear empatía con el colectivo, porque quizás lo hacemos inconscientemente, pero pensamos como hablamos, las palabras que utilizamos tienen connotaciones y construyen nuestro pensamiento. En cuanto a esto, quiero hablar de la palabra “maricón”, esta palabra empezó a usarse de forma despectiva y desde hace unos años el colectivo la está usando como símbolo de empoderamiento, sin embargo, no todas las personas lo ven así.

Tenemos que aprender a diferenciar en qué contextos y con qué personas podemos hacer según qué comentarios, no podemos asumir que no se van a ofender. Yo creo que deberían ser las personas del colectivo quienes las utilicen y marquen su uso.

  • Comentarios cotidianos

Asumimos la heterosexualidad de las personas y cuando no cumple con lo «normal» tendemos a destacarlo. Por ejemplo, cuando queremos hablar de alguien y no sabemos o no queremos decir su nombre tratamos de describir a la persona para que nuestro interlocutor sepa de quién hablamos. Sin embargo, cuando se trata de una persona del colectivo la descripción generalmente se sintetiza a su orientación sexual. Es decir, nunca decimos «la chica rubia con la camiseta morada que tiene los ojos verdes y se sienta en primera fila», sino «la chica trans», «la lesbiana», «la bisexual»… No lo vemos como algo malo, pero realmente nunca diríamos «la chica hetero» porque no es algo que sea destacable de la persona.

Salir del armario es confuso y complicado y más si cuando nos abrimos a nuestro entorno este nos responde con comentarios como «es una etapa» o «ya madurarás». Este tipo de comentarios son una forma más de intentar encauzar a las personas por «el buen camino» y que no se salgan de la norma. Esto sobre todo afecta a las personas bisexuales y no binarias, porque se les dice que tienen que decantarse por una cosa o por otra, que no pueden estar en medio. Hay muchas personas que no pueden ver más allá del blanco o negro, pero la verdad es que siempre y en cada uno de los aspectos de la vida hay toda una gama de grises.

Hago hincapié en que es un error hablar de la necesidad del orgullo hetero, principalmente porque las personas heterosexuales nunca han tenido que luchar por sus derechos porque siempre han estado amparados. Por último, que conozcas a una persona del colectivo y sea tu amiga no implica que no seas homófobo. De hecho, las personas que en una conversación suelen justificar sus comportamientos con un «no soy homófobo porque tengo un amigo que es gay y somos íntimos» son las que más tienen que trabajar en su día a día para combatir la discriminación.

3. Sexualización y cosificación

Es un error pensar que solo las mujeres heterosexuales sufren sexualización y cosificación. Mientras que ser gay es algo poco morboso y atractivo para la gente hetero, ser lesbiana o bisexual si eres mujer es un punto a favor. El porno ha hecho un flaco favor a la lucha de las personas lesbianas y bisexuales del colectivo, las ha cosificado, y ha hecho que las mujeres del colectivo sufran por partida doble: por ser mujeres y por no ser heteros. Son muchas las personas que piensan que estas mujeres son unas viciosas o que tienen relaciones con otras mujeres para calentar a un hombre. Ser lesbiana no puede reducirse a dos tías que se lían para poner cachondo a un tío y hacer un trío, se trata de dos mujeres que conectan emocionalmente, no solo sexualmente.

4. Transfobia

Las personas trans empezaron la lucha del colectivo el 28 de junio de 1969 en los disturbios de Stonewalll, pero actualmente siguen a la cola en todos los derechos. Además, de la gran discriminación y violencia a la que se enfrentan cada día. Desde 2008 a septiembre de 2020 más de 3.600 personas trans han sido asesinadas y la cifra sigue subiendo.

Aparte de referirnos a estas personas con el pronombre y nombre que elijan, es necesario eliminar las etiquetas. Parece que una mujer trans siempre va a tener la etiqueta trans o la nota de «la mujer que antes era un hombre», su nombre nunca va a ir separado de la etiqueta y, por tanto, nunca se va a desprender de su tormento. Es vital evitar preguntar cuáles son sus genitales o su nombre de nacimiento porque eso no debe importarnos. Estas personas han luchado durante años para sentirse bien consigo mismas y este tipo de comentarios y etiquetas tan solo le recuerdan que nacieron siendo otra persona y que nunca se desprenderán de esta parte, porque a ojos de muchas personas una mujer trans no es 100% mujer.

5. Intersexualidad y su invisibilización

Por último, vamos a hablar del colectivo intersexual, uno de los más invisibilizados. Hay mucha gente que se cree que ser intersexual es algo parecido a ser hermafrodita y no, ser intersexual no tiene nada que ver con los caracoles. La intersexualidad es una combinación de características sexuales que no encajan 100% en las clasificaciones de género hombre-mujer. Hay muchísimas variantes: organización cromosómica que no es ni masculina ni femenina, genitales ambiguos; genitales que tienen una apariencia y sus órganos internos o las hormonas que segregan no se corresponden con los de ese sexo… Entre el 0,05 y el 1,7% de la población es así, aproximadamente 131 millones de personas, ¿acaso no merecen respeto ni derechos?

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