Mujeres trotamundos: Viajeras de la historia

Ana Padrón (1933)

El viaje de Ana Padrón, la abuela viajera. Desde que se jubiló dedicó su tiempo a recorrer el mundo en una furgoneta.

Ana Padrón, conocida como la abuela viajera, nació en las Palmas de Gran Canaria en 1933. Era la segunda de 14 hermanos y madre de cuatro hijos. Dedicó toda su vida a su negocio de ropa infantil. Cada verano aprovechaba las vacaciones para hacer viajes cortos por Europa, pero no fue hasta que se jubiló cuando cumplió su sueño.

Con 52 años se compró una furgoneta blanca a la que apodó “Merchibenz” y poco a poco la acondicionó para viajar. Su idea era tener una habitación con cuatro ruedas con la que recorrer el mundo. Dos años más tarde inició su primer viaje con destino al Vaticano y cuando cumplió 64 años decidió que había llegado el momento de cumplir su sueño y descubrir el mundo en su furgoneta. Aunque su viaje no ha sido continuo ha recorrido cada uno de los cinco continentes, según ella misma, han sido los 12 años más felices de su vida.

Su primer destino fue el Polo Norte, para ello recorrió Europa, atravesó los países escandinavos y visitó Rusia. El camino no fue fácil y tuvo que probar varias rutas para llegar a su destino. Mientras atravesaba Laponia el viento era tan fuerte que rompió una puerta de la furgoneta. Luego, viajó por América durante ocho meses, desde Canadá hasta Argentina. La mayor parte de su viaje estuvo recorriendo América Latina, prácticamente visitó todos los países de la región.

Tres años más tarde se propuso hacer lo mismo en África. Llegó a Kenia en avión y visitó el país mientras llegaba su furgoneta en barco. Luego visitó Tanzania, Botsuana y Sudáfrica. Tomó un vuelo hasta Ghana y continuó hasta Senegal, Marruecos y Túnez. Estuvo doce días en Libia tratando de que la dejaran pasar hacia Egipto, pero le dijeron que no podía cruzar si no iba acompañada de un hombre. Viajó hasta Sicilia donde tomó un barco, visitó Turquía y llegó al Monte Sinaí, desde allí accedió a Egipto acompañada de un policía.

En su siguiente viaje atravesó Europa para llegar a Asia. Recorrió Kazajistán, China, las Islas Filipinas, Singapur, Pakistán e Irán. En Kazajistán se encontró a un chico que la estaba apuntando con una pistola, pero ella no sintió miedo. Es más, le sacó una foto y el chico sonrió. Le pidió dinero, pero ella no se lo dio. Más tarde, vio a otro muchacho con la intención de disparar, pero no le dio tiempo a preparar la metralleta. Después, visitó Australia y Nueva Zelanda y, en un viaje posterior, Corea del Sur, Japón y Tailandia. De estos viajes escribió su libro, ¿Y tú, a dónde vas?

Apenas planificaba sus viajes, sino que iba decidiéndolo sobre la marcha. Tenía en cuenta si tenía que esperar a que llegara la furgoneta, la información que le proporcionaban las embajadas en los países que visitaba y el interés que tenía ella misma en el lugar. En todos sus viajes hizo grandes amigos. Por ejemplo, en Sídney conoció a una familia y hasta un sacerdote le organizó un acto para bendecir su viaje al que acudieron todos los vecinos de la zona. Después le organizaron una fiesta de despedida.

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