Mujeres trotamundos: Viajeras de la historia

Rosie Swale-Pope (1946)

El viaje de Rosie Swale-Pope, la corredora de ultramaratones que dio la vuelta al mundo corriendo en cinco años.

Aunque nació en Davos (Suiza) en 1946, se mudó cuando tenía cinco años con su familia a Irlanda. Tras la muerte de su madre y el nuevo matrimonio de su padre, se fue a vivir con su abuela. La educaba en casa y la hacía escribir sobre su día a día, lo que le sería útil en el futuro para sus relatos de aventura.

En 1971 partió junto a su primer esposo y su hija en barco desde Gibraltar vía Australia. Navegaron juntos más de 48.000 kilómetros. En 1983 volvió a salir a navegar, pero esta vez lo haría sola. Atravesó el Atlántico y navegó más de 7.700 kilómetros en 70 días.

En 1995 corrió su primer maratón en Londres. Dos años después corrió 243 kilómetros por el desierto del Sahara. También corrió en Rumanía, Cuba, Albania y Nepal. En 2000 volvió a correr por Sudáfrica en un ultra maratón que completó en 11 horas.

Cuando su segundo esposo murió en 2002 por cáncer de próstata decidió dar la vuelta al mundo para concienciar sobre esta enfermedad. Quería completar la hazaña corriendo por el hemisferio norte para evitar el mayor número posible de transportes en barco. Su única compañía sería la de un carrito que transportaba como refugio y almacén.

El 2 de octubre de 2003, el mismo día de su 57º cumpleaños, partió desde Tenby (Gales). Su primera pisada está grabada en una losa de la localidad. Financió todo su viaje con el alquiler de la cabaña en la que vivía de pequeña. Además, gracias a su hazaña logró recaudar 250.000 libras para un orfanato ruso.

Corrió a través de Europa, Rusia, Siberia, Alaska, Canadá, Groenlandia e Islandia. En Alaska afrontó temperaturas de 50 grados y quedó atrapada en una tormenta de nieve que congeló su pie. Tuvo que ser rescatada por la Guardia Nacional. El 24 de enero de 2008 salió desde Canadá hacia Groenlandia. Dos semanas más tarde voló a Islandia. Allí resbaló en el hielo y se fracturó varias costillas y la cadera. Tuvo que caminar más de tres kilómetros hasta recibir atención médica.

No fue hasta junio de 2008 cuando llegó a Escocia. Desde allí corrió hasta su casa, pero las heridas que había sufrido en Islandia la hicieron recorrer los últimos kilómetros con la ayuda de dos muletas. Finalmente, llegó al punto de partida el 25 de agosto de 2003, tras 32.000 kilómetros, 5 años corriendo y 53 pares de zapatillas desgastadas. Durante su periplo la invitaron a diferentes maratones y caminatas. Además, solía dar charlas culturales y motivaciones en los colegios de los lugares que visitaba. Tras la carrera escribió un libro, Just a Little Run Around the World: 5 Years, 3 Packs of Wolves and 53 Pairs of Shoes.

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